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Vicente Vega recorre las andanzas de Pin El Cariñoso a través de los recuerdos de las gentes que lo conocieron. Un ejercicio de memoria ya iniciado en su anterior trabajo, “Cántabros en Mauthausen”. ]]>
Vicente Vega recorre las andanzas de Pin El Cariñoso a través de los recuerdos de las gentes que lo conocieron. Un ejercicio de memoria ya iniciado en su anterior trabajo, “Cántabros en Mauthausen”.
“La historia de Josefina, su deseo de reivindicar jurídicamente el derecho que la asiste como hija de una persona represaliada por la dictadura, me dio pie a abordar el tema de este reconocimiento jurídico que aún no tienen las víctimas del franquismo”, explica Vicente Vega, guionista y director de La Saga de El Cariñoso. Este documental, estrenado en noviembre de 2010 y que está siendo proyectado por Cantabria, cuenta la historia de José Lavín Cobo, Pin El Cariñoso, y la del grupo de hombres y mujeres que lo siguieron durante la represión franquista, a través de la lucha de su hija, Josefina Solano Otí, por el reconocimiento del apellido de su padre.
Solano pelea judicialmente por recuperar esas raíces que le fueron arrebatadas por la dictadura cuando, recién nacida, debido a que sus padres no estaban casados, la inscribieron solo con los apellidos de su madre, María Solano. Su padre, Pin, fue un destacado miembro de la primera generación que hubo de echarse al monte al finalizar la guerra. Había pertenecido al Batallón Libertad de la CNT, que luchó en Asturias.
Un documento vivo
Interesado desde siempre por la guerrilla antifranquista, Vicente se animó a abordar el proyecto cuando había acabado su anterior trabajo, Cántabros en Mauthausen, y a raíz de su encuentro con Josefina Solano, que había viajado a España para iniciar el proceso judicial. De hecho, el proceso productivo del documental estuvo supeditado al proceso judicial de obtención del apellido, y cuando el juez suspendió el juicio que iba a llevarse a cabo el 20 de octubre de 2010, el final ’feliz’ esperado para el documental –la obtención del reconocimiento de paternidad– quedó truncado.
Una petición fiscal de pruebas de ADN –que se harán al familiar más cercano, un primo– ha de ser estimada por el juez, que deberá sopesar que, al tratarse de un ascendiente indirecto, las probabilidades de un resultado positivo se complican. Deberá valorar también toda la documentación que existe sobre el proceso judicial –el Consejo de guerra que hicieron a María Solano, madre de Josefina–, que se encuentra en el archivo de El Ferrol y que el magistrado ya ha solicitado. “Desde mi punto de vista hay pruebas más que suficientes para estimar la demanda, y el juez tendrá que decidir si las tiene en cuenta”, comenta Vega.
Ausencia de memoria
El reconocimiento del apellido que hasta ahora no ha podido ser ‘obligó a Vega a cerrar el documental con una cita de Gregorio Dionis, presidente del equipo Nizkor (especialistas en derecho penal internacional): “El no reconocimiento jurídico de las víctimas del franquismo es no sólo un acto de injusticia manifiesta, sino también un acto que desconoce la igualdad ante la ley y permite la legalización de facto de un régimen fascista que toda Europa creía finiquitado”. Y es que para Vega, “la Ley de memoria histórica de alguna forma valida el proceso de transición y con ello da legitimidad y legalidad a todo el entramado legislativo franquista”. Este realizador denuncia que en la Transición se impuso “una Ley de Amnistía de 1977, que a nivel jurídico implicó la imposibilidad de que víctimas del franquismo puedan acceder a los tribunales españoles, negando un derecho fundamental que está en la Constitución española”, con el agravante de “muchos de los delitos franquistas estarían tipificados como delitos de lesa humanidad”.
La falta de memoria es alimentada por uno de los principales obstáculos al rodar el documental, la carencia de testimonios gráficos de la época. “No hay fotografías”, explica. En la preparación de la pieza consultó todo tipo de archivos, incluido el Archivo Nacional de la Policía y la Guardia Civil en Madrid, sin apenas resultados. “La versión que me han contado es que el incendio de Santander del año 1941 afectó a los archivos policiales y luego, si quedó algo, al parecer en la época de la transición se destruyeron muchos archivos”, señala.
Pero la desmemoria del Estado contrasta con la viveza de la figura de El Cariñoso en la zona en la que se desarrollaron sus cuitas. De la memoria de esas gentes, de aquellas que aún sobrevivieron, surge el esbozo de Pin que Vega presenta en su Saga. “Quizá lo más relevante fuera la valentía, el grado de capacidad de enfrentarse a una situación complicada como la que le tocó vivir, a toda una estructura dictatoria”, destaca. Pin fue abatido en la calle Santa Lucía, el 27 de octubre de 1941. A María Solano la torturaron, estando embarazada, dándole patadas en el vientre para que abortase. Josefina vive en EE.UU. Su bisnieta, Jordín Renné Chacón, es la última descendiente de La saga de El Cariñoso.
Un apellido ‘hurtado’ por el franquismo
María Solano, madre de Josefina, estaba con El Cariñoso cuando, en 1941, lo mataron las fuerzas policiales. Acababan de volver de Barcelona, donde habían conseguido nueva documentación, y se quedaban en una buhardilla en el 44 de la calle Santa Lucía de Santander, donde la madre de Josefina trabajaba como portera. En el momento en que matan a José Lavín, a María, que estaba aún embarazada de Josefina, la detienen. Josefina nace en la cárcel seis meses después, y a los 18 meses la recoge su abuela paterna, que se la lleva a Angustina, en Liérganes, donde la cría hasta los doce años. Mientras, María Solano recorre diferentes cárceles de España. Condenada en principio a pena de muerte, le conmutaron la pena por 30 años, probablemente porque estaba embarazada.
Josefina recuerda cuando iban a visitarla, una vez al año. A los doce años de estos sucesos, una periodista norteamericana que estaba haciendo un reportaje sobre presas republicanas, entrevista a María Solano. En el encuentro, María comenta que había nacido en EE.UU. porque sus padres, que eran de La Cavada, habían emigrado allí y luego habían regresado.
En la zona del Miera hubo migraciones a EE.UU. para trabajar en la ganadería o como canteros. La periodista vuelve a EE.UU., busca la fe de nacimiento de María y lo comunica al consulado, que la saca de la cárcel y le facilita el regreso a EE.UU. Ella recoge a su hija, aunque para Josefina fue un trauma separarse de su abuela, y se la lleva. Al principio viven en viven en Nueva York, en la casa de un antiguo sindicalista republicano de Cantabria, Jesús González Malo. A María le cuesta hacerse con el idioma y está muy traumatizada. Finalmente, marchan a Florida, donde hay una amplia comunidad hispana.
Extraido de Diagonal Cantabria nº23
]]>En ese acto anual se recuerda también, como no podía ser de otro modo, a sus más de veinte compañeros, militantes todos ellos de la CNT, entre los que se encontraban su hermano y varios primos; baste decir que cuando “El Cariñoso” estaba en el monte llegaron a juntarse en la cárcel unos veinticinco familiares ( incluida una niña de 14 años).
El acto tuvo lugar, como siempre, ante el monolito que recuerda a los compañeros en el cementerio de Ciriego, y en él estuvimos acompañados por los amigos de AGE, varios compañeros de la Regional de Asturias-León y algún otro compañero, tomando la palabra el escritor y periodista Isidro Cicero (biógrafo de “El Cariñoso”), el Delegado de AGE en Cantabria, Jesus de Cos y el Secretario General de la CNT, Fidel Manrrique.
Posteriormente, nos juntamos en una comida de confraternización.



Crónoca hecha por CNT
]]>Tanto «El Cariñoso» como los miembros de su grupo, varios de ellos familiares cercanos, militaban en la CNT y nuestra Organización no deja de recordarlos y valora su sacrificio, como el de tantísimos miles de hombres y mujeres masacrados por la represión fascista.
Esperando contar con vuestra presencia en dicho acto, recibid todos saludos revolucionarios.
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